El Gobierno de Javier Milei ingresa al tramo final del año 2026 con una ecuación económica que muestra grietas cada vez más visibles. La combinación de una desaceleración en la acumulación de reservas por parte del Banco Central, una salida sostenida de dólares del sistema financiero local y un cronograma de deuda que se vuelve más exigente hacia 2027, configura un escenario de tensiones múltiples que pone a prueba la sostenibilidad del programa económico libertario.
La desaceleración de las reservas y la presión cambiaria
Según datos de consultoras privadas, el BCRA compró apenas USD 473 millones durante todo el mes de septiembre, un ritmo marcadamente inferior al registrado en meses anteriores. Esta desaceleración ocurrió en un contexto donde el resto de los sectores de la economía registró un saldo negativo de USD 2.755 millones en el mercado de cambios único. La defensa del tipo de cambio, que se mantuvo relativamente estable en torno a los $1.512, tuvo un costo elevado: tasas de interés en alza y un freno en la formación de reservas líquidas. Los especialistas advierten que contener el precio del dólar no equivale a haber resuelto la tensión de fondo, que sigue siendo cómo acumular divisas sin generar una presión insostenible sobre la cotización.
La fuga de capitales: un drenaje constante
Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) cuantificó el fenómeno que más preocupa a los analistas: la Formación de Activos Externos (FAE), es decir, la compra de dólares para atesoramiento o inversión fuera del sistema local, acumula una salida de USD 51.648 millones desde la flexibilización cambiaria. Solo en los primeros ocho meses de 2026, esta fuga sumó USD 18.778 millones. Para dimensionar el impacto, esta salida representa aproximadamente el 80% de los dólares generados por el complejo agroexportador desde abril de 2025. A esto se suman USD 4.041 millones enviados al exterior por empresas en concepto de dividendos desde diciembre del año pasado. La pregunta clave que surge es cuánto de las divisas que genera la economía queda realmente disponible para fortalecer las reservas del BCRA o para pagar compromisos externos.
El financiamiento: la tercera pata del problema
La tensión se complejiza al incorporar la necesidad de financiamiento. Argentina enfrenta un cronograma de vencimientos de deuda que se concentra y endurece hacia 2027 y los años siguientes. En un contexto internacional con condiciones crediticias más restrictivas y un mercado de deuda local que perdió dinamismo, el Gobierno necesita simultáneamente sostener el tipo de cambio, acumular reservas y garantizar dólares para afrontar estos compromisos. El Riesgo País, que se mantuvo por encima de los 600 puntos, dejó de ser un mero indicador para convertirse en una señal del encarecimiento del posible refinanciamiento. Consultoras como 1816 y CP han alertado que las tensiones por los vencimientos de 2027 ya comenzaron a anticiparse en los mercados.
Un margen de maniobra que se estrecha
Frente a este panorama, el margen de acción del equipo económico parece reducirse. Las opciones pasan por continuar utilizando tasas altas e intervención cambiaria para contener la presión, aceptar una menor acumulación de reservas que podría forzar una corrección más rápida del tipo de cambio, o enfrentar un deterioro simultáneo en bonos, riesgo país y el mercado cambiario si las condiciones de financiamiento empeoran. La contradicción central del esquema es evidente: para acumular reservas necesita dólares, pero para conseguir esos dólares necesita que las divisas permanezcan dentro del sistema. Cuando una parte importante se destina a formación de activos externos o pago de dividendos, el objetivo se vuelve más esquivo. El último trimestre del año definirá cuánta capacidad tiene el modelo para navegar esta tormenta perfecta sin alterar drásticamente sus postulados o ceder ante las presiones del mercado.
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Fuente: eldestapeweb