Bajo un cielo teñido de rosado al atardecer, el centro de Córdoba fue tomado por una marea humana que transformó el tránsito vehicular en un río de consignas, banderas y redoblantes. Este sábado 3 de junio de 2027, la avenida General Paz fue el escenario principal de la manifestación más numerosa del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binarias, una movilización que, tras el paréntesis pandémico, recuperó su potencia de tsunami. La columna, de cinco cuadras de extensión, concentró su rabia y dolor en la denuncia de los travesticidios y transfemicidios, recordando nombres como los de Azul Semechenko, Sofía Fernández y Tehuel de la Torre, al tiempo que confluyó con el kufiyazo de solidaridad con Palestina frente al Patio Olmos.
Una herramienta política de cuatro décadas
Para quienes nunca han participado, el Encuentro Plurinacional es mucho más que una reunión multitudinaria; es una herramienta política que desde hace 40 años funciona como laboratorio de transformación social y transversalidad. Según analizan las organizadoras, ha sido el terreno de elaboración de conquistas históricas: desde la ley de divorcio y el cupo femenino hasta la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Su poder, hackeado temporalmente por la pandemia que impidió el encuentro cuerpo a cuerpo, resurge ahora con una masividad y heterogeneidad que refleja el hartazgo frente a lo que denominan “ataques del gobierno fascista”, el endeudamiento y lo que perciben como una intención de exterminar los lazos comunitarios.
La jornada comenzó por la mañana en la diagonal Hipólito Yrigoyen, frente al Museo El Buen Pastor, con un acto de apertura que honró la memoria combativa de la fuga de presas políticas de los años setenta. La ceremonia, impregnada por el humo de plantas medicinales, dio la palabra a referentes de pueblos originarios como los comechingones y a afrodescendientes, en un reconocimiento explícito a las luchas preexistentes. Luego subieron al escenario familiares de víctimas de femicidio, recordando casos que conmovieron al país y reforzando la estadística brutal: en Argentina, una mujer o travesti es asesinada cada 30 horas, en el 80% de los casos por alguien de su entorno cercano.
Talleres desbordados y agenda transversal
El verdadero latido del Encuentro, sin embargo, late en sus talleres. Con 99 temas en discusión —que abarcan desde la organización interna hasta la extranjerización de la tierra—, las escuelas asignadas no dieron abasto. El taller de “imaginación política” debió desdoblarse en seis grupos; el de “tecnoactivismo” en tres, ocupando patios de recreo completos; y los de “soberanía alimentaria” y “movimientos campesinos e indígenas” multiplicaron sus participantes. Paralelamente, en distintos puntos de la ciudad, se desarrollaron asambleas multitudinarias: en la plaza Colón se debatieron estrategias federales contra el endeudamiento; el sindicato de prensa cordobés analizó la degradación del Ministerio de Trabajo; y en la plaza Independencia se denunció la criminalización de las mujeres en eventos obstétricos, como el caso de Paola Ortiz, liberada tras 14 años de prisión.
Este desborde responde, según las participantes, a una necesidad urgente de encontrar alivio y potencia colectiva en un contexto político que califican de “laberinto fascista”. La ubicación céntrica de Córdoba facilitó la llegada de caravanas de micros desde todo el país, pero el motor principal fue la necesidad de poner en marcha lo que definen como “tecnología de la escucha”: un espacio para entrenarse en oír, especialmente, a quienes piensan distinto. El Encuentro se consolida así como un laboratorio de prácticas políticas feministas y transfeministas, con la mirada puesta en movilizaciones futuras, como la convocada para el 15 de octubre contra el DNU 70/23, y en la defensa de la educación pública.
Mientras el domingo 4 de junio estaba destinado a los debates finales y la marcha de cierre, la noche del sábado ofreció fiestas y juntadas con diversas expresiones artísticas. En todas ellas circuló con fuerza una propuesta: que la edición del 2028 se realice en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La idea, explican, es llevar este “desmadre” cuidado y alimentado durante décadas frente a los poderes centrales. Allí, aseguran, esta marea plurinacional sin dudas se transformará, una vez más, en tsunami.
Fuente: eldestapeweb