En un contexto de advertencias sobre posible recesión y deterioro de la actividad económica, la percepción social parece alejarse del relato oficial de prosperidad. Según el último sondeo de las consultoras Alaska y Trespuntozero, dirigidas por Juan Courel y Shila Vilker, el 62,7% de los argentinos considera que el país atraviesa una crisis económica. La cifra no es un dato aislado: refleja un clima de preocupación que atraviesa diversos segmentos sociales y geográficos, con especial intensidad entre mujeres, mayores de 50 años y habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
La brecha entre el relato y la percepción social
Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene que se viven “los mejores 18 meses de las últimas décadas”, la encuesta revela un contraste marcado con la vivencia cotidiana de la ciudadanía. Entre quienes perciben la crisis, un contundente 82,8% cree que “lo peor todavía está por venir”, mientras que apenas el 7,9% considera que lo peor ya pasó. Esta divergencia entre el discurso oficial y la sensación popular marca una tensión que trasciende lo económico para instalarse en el terreno de la credibilidad institucional.
La atribución de responsabilidades también muestra divisiones claras según la orientación política del electorado. El 55% de los encuestados señala al gobierno de Javier Milei como principal responsable de la situación económica actual. Sin embargo, esta visión no es homogénea: mientras los votantes de Sergio Massa en 2023 responsabilizan casi unánimemente a la gestión actual, los electores de Milei y Patricia Bullrich apuntan mayoritariamente a las administraciones anteriores. La polarización política, así, se traslada a la interpretación de la realidad económica.
Empleo y salarios: las demandas urgentes
Las principales exigencias ciudadanas al Gobierno se centran en dos ejes concretos:
- Mejorar los ingresos de los trabajadores (23%)
- Generar más puestos de trabajo (22,5%)
- Promover la producción y la industria (16,9%)
El reclamo salarial tiene mayor peso entre votantes de Massa y personas de 30 a 49 años, mientras que la creación de empleo es la principal demanda entre electores de Milei y Bullrich, especialmente entre los más jóvenes. Esta coincidencia en la preocupación por el trabajo, más allá de las diferencias políticas, señala un problema estructural que atraviesa a toda la sociedad.
La situación personal de los argentinos refleja el impacto concreto de estas carencias. El 55,6% asegura que su situación es peor que hace un año, período que ya era económicamente complicado. Los principales problemas en los hogares son los ingresos insuficientes (34,1%) y el peso de servicios y gastos fijos (14,2%), dos caras de una misma moneda donde el dinero disponible pierde terreno frente al costo de vida.
Endeudamiento y desamparo político
Como consecuencia directa de esta coyuntura, creció significativamente el endeudamiento familiar. La mitad de los consultados admitió haber contraído deudas, y de ese grupo, el 66,7% se atrasó en los pagos. Esta situación afecta aproximadamente a seis millones de personas según estimaciones del sector.
Pero más allá de las cifras económicas, emerge un dato político preocupante: el 65,3% de los ciudadanos no siente que haya alguien en la actividad política preocupado por su problema de endeudamiento. Esta percepción de desamparo es particularmente alta entre votantes de Massa (81,1%), pero también se manifiesta en proporciones similares entre electores de las distintas fuerzas. El mensaje parece claro: la ciudadanía percibe una desconexión entre sus urgencias cotidianas y la agenda de la dirigencia, tanto oficialista como opositora.
Transcurridos casi tres años de gestión libertaria, estos números dibujan un panorama complejo donde las percepciones económicas se entrelazan con desconfianza política, configurando un escenario que demandará respuestas concretas más allá de los relatos enfrentados.
Fuente: eldestapeweb