La crisis económica que atraviesa el país sumó otro capítulo significativo con el anuncio del cierre definitivo de la juguetería Tío Mario, un comercio emblemático que durante más de tres décadas formó parte del paisaje comercial del barrio porteño de Recoleta. A través de sus redes sociales, el local anunció ofertas de liquidación con descuentos de hasta el 30% y promociones dos por uno, confirmando así el fin de una etapa que se extiende desde principios de los años noventa.
Un cierre que refleja la realidad del sector
Julián Benítez, gerente de Relaciones Institucionales de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), confirmó a medios nacionales el cierre de Tío Mario, aunque aclaró que no hubo una comunicación oficial por parte del comercio hacia la cámara. “Es algo que no escapa a la realidad, hay muchos cierres”, afirmó Benítez en declaraciones periodísticas, poniendo de relieve la difícil situación que atraviesan numerosos establecimientos del rubro. El directivo también señaló que más del 90% de los juguetes que se comercializan en el país son importados, principalmente desde China, aunque últimamente han comenzado a llegar productos desde otros países como Vietnam.
El Día del Niño no logró reactivar el consumo
La caída de la actividad en el sector juguetero se hizo especialmente visible durante la última celebración del Día del Niño, fecha tradicionalmente clave para estos comercios. Según un relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas durante la edición de 2026 registraron una caída del 2,5% interanual a precios constantes. Aunque los comercios desplegaron diversas estrategias comerciales, incluyendo descuentos, promociones y planes de financiación, el consumo se mantuvo selectivo y los compradores priorizaron productos de menor valor.
El informe de CAME detalló que el ticket promedio de compra fue de $45.038, mientras que las ventas cayeron un 4,8% interanual. La demanda se concentró en artículos de bajo precio y en compras realizadas a último momento, lo que refleja la cautela de los consumidores frente al actual contexto económico. El movimiento comercial generado durante la fecha funcionó principalmente como un alivio puntual para los comercios, pero no alcanzó para convertirse en un motor de recuperación del consumo general.
El cierre de Tío Mario se suma así a una tendencia observada en diversos sectores de la economía, donde comercios históricos y pymes enfrentan dificultades para sostenerse ante la contracción del poder adquisitivo y los cambios en los patrones de consumo. La desaparición de este tipo de establecimientos no solo representa una pérdida comercial, sino también un cambio en la identidad de los barrios y en la memoria colectiva de sus habitantes.
Fuente: eldestapeweb