La narrativa oficial insiste en que el salario real ha comenzado a recuperarse, pero los datos del consumo masivo cuentan una historia distinta. Un informe de la Fundación Encuentro revela una paradoja que pone en cuestión el relato económico del gobierno nacional: incluso en las ocho provincias donde el salario formal registrado creció respecto a noviembre de 2023, las ventas en supermercados cayeron de manera significativa. El caso más extremo es Santiago del Estero, donde los ingresos formales subieron un 25% pero el consumo se desplomó un 29%.
El salario formal ya no marca la canasta
Los últimos datos de la Secretaría de Trabajo, actualizados a junio de 2026, muestran que el salario registrado privado se ubica seis décimas por debajo del nivel previo a la asunción de Javier Milei. El índice de salarios del Indec, por su parte, registra una caída real del 3,2% en los ingresos privados formales respecto de noviembre de 2023, que la suba del 0,7% registrada en julio no logra revertir. Para Tucumán, que no figura entre las ocho provincias con suba salarial, el escenario es aún más complejo: los hogares taficeños y del Gran San Miguel de Tucumán enfrentan la doble presión de ingresos estancados y tarifas de servicios que crecieron muy por encima de la inflación general.
El informe identifica tres factores que explican por qué un aumento del salario formal no se traduce en mayor consumo. En primer lugar, el desempleo: el Indec señaló que la desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre de 2026, igualando la peor cifra del ciclo mileísta. En segundo lugar, la informalidad tocó un récord histórico del 45%, con unos 348.000 nuevos trabajadores no registrados en un año, casi todos cuentapropistas. Eso significa que la suba del salario formal alcanza a una porción cada vez menor de la población económicamente activa.
El factor que exprime el bolsillo: servicios y tarifas
El tercer elemento es quizás el más determinante para comprender la situación de las familias en Tafí Viejo y el Gran San Miguel de Tucumán. Según datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA-CONICET, mientras el IPC acumuló un 254% desde diciembre de 2023, los servicios básicos registraron aumentos siderales: la luz subió un 388%, el agua un 538%, el transporte un 1.479% y el gas un 1.639%. Esta escalada tarifaria reduce drásticamente el ingreso disponible de los hogares, es decir, lo que queda para gastar en alimentos, bebidas, higiene y productos de limpieza tras abonar los servicios esenciales.
El Presidente ha repetido en sus discursos que el consumo privado crece según los datos del Indec, pero omite que el organismo estadístico incluye dentro de esa medición el gasto de los hogares en servicios. Esa categoría contable es muy distinta al ingreso disponible real que las familias destinan a bienes de consumo masivo. La distinción no es menor: explica por qué, en la práctica cotidiana, el aumento puntual de algunos salarios formales no se refleja en las góndolas.
El panorama que surge de los datos es claro. La recuperación del salario formal, incluso donde efectivamente ocurrió, no alcanza para sostener el consumo porque opera en un contexto de mayor desempleo, informalidad creciente y un peso cada vez más opresivo de las tarifas de servicios sobre el presupuesto familiar. Para los distritos del NOA, incluida Tucumán, la combinación de salarios estancados y tarifas disparadas configura un escenario donde el poder adquisitivo real continúa erosionándose, sin que las cifras promedio del salario registrado logren reflejar la magnitud del deterioro.
Fuente: eldestapeweb